Todo lo que debes saber sobre el voyerismo
Aunque te parezca un término muy alejado de tu realidad, si alguna vez has disfrutado viendo a tu pareja tocarse (evidentemente, con su consentimiento), o si alguna vez la has visto de refilón mientras se duchaba, tenemos una noticia para ti: has practicado el voyerismo. No obstante, lo hayas practicado o no, si quieres saber más sobre esta práctica, ¡sigue leyendo!
Significado de voyerismo... ¿Qué es ser voyerista?
Desde un punto de vista general, el voyerismo es cuando una persona obtiene placer erótico de forma consensuada y consentida, al observar a otra persona (o incluso observándose a sí misma) realizando una actividad típicamente privada y/o de naturaleza sexual, como desvestirse o masturbarse. Si una persona realiza esta práctica sin el consentimiento de la otra persona, está traspasando los límites y se está comprometiendo la seguridad de la persona observada. Estaríamos hablando de un tipo de abuso sexual. Sin embargo, en la mayoría de los casos, se trata de un deseo o interés erótico que puede quedar en el terreno de las fantasías o expresarse en contextos perfectamente consentidos.
Esta distinción entre el voyerismo como preferencia o curiosidad sexual y el voyerismo como práctica problemática es importante, ya que esta última variante implica la falta de consentimiento y puede causar daños reales. Como en el caso de muchos deseos sexuales, todo depende del contexto en el que se expresen y del respeto de las personas implicadas.
Voyerismo sexual como fantasía
Ahora que ya sabes qué significa voyerista, debes saber que el voyerismo es, ante todo, una fantasía sexual extremadamente común. Mirar, imaginar y observar forma parte de la naturaleza y del erotismo humano. El deseo a menudo pasa por la mirada: contemplar un cuerpo, una escena íntima o una situación cargada de tensión sexual puede ser muy excitante.
Muchas personas viven el voyerismo únicamente en su imaginación. Esto puede pasar por el consumo de contenido erótico, por la recreación de escenas imaginarias en las que observamos sin ser vistos e incluso por juegos mentales vinculados a la idea de lo prohibido o misterioso. Sin embargo, fantasear no significa querer reproducir estas situaciones en la vida real, y mucho menos traspasar límites.
El consentimiento en la práctica voyeurista
Cuando se abandona el terreno de la fantasía para entrar en el de la práctica, surge un aspecto esencial: el consentimiento entusiasta. Toda experiencia voyerista que se traslade a la realidad debe sustentarse en un acuerdo claro, libre y respetuoso de las personas involucradas.
El voyerismo consensuado puede adoptar distintas formas: juegos eróticos dentro de una pareja, juegos de rol, experiencias en espacios dedicados a esto (como clubs o eventos), o incluso situaciones en las que una persona acepte explícitamente ser observada. En estos contextos, la mirada se convierte en un elemento de placer compartido, y no en una intrusión.
Por eso, aquí la comunicación es esencial. Hablar de los deseos, de límites, de lo que nos excita y lo que nos incomoda permite crear un espacio de confianza. Y, sobre todo, siempre debemos recordar que el consentimiento no es algo fijo: está vivo y se puede retirar o cambiar en cualquier momento y debe ser siempre respetado, sin discusión.
Todo lo contrario, supondría una invasión de la intimidad.
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Explorar el voyerismo de forma consensuada es hacerlo siendo consciente de que el placer compartido solo puede existir plenamente cuando es elegido y respetuoso. La mirada, cuando es bienvenida y deseada, puede convertirse en una poderosa fuente de excitación y conexión.
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Alex Segura