¿Y si la sexualidad empezara mucho antes de llegar a la cama?
Nos enseñaron a pensar en la sexualidad como algo que pasa en un momento concreto, en un lugar concreto, o con otras personas. En definitiva, como un paréntesis en nuestra vida. Sin embargo, la sexualidad no empieza en el momento en que te quitas la ropa delante de alguien, sino mucho antes.
| De hecho, la sexualidad se construye en el día a día: desde tu forma de dormir, de pensar, de moverte, de hablarte y de sentirte en tu propio cuerpo. Es por esto que, en ocasiones, cuando tenemos alguna dificultad sexual, el “problema” no suele venir del sexo en sí mismo, sino de todo lo que lo rodea. |
En este artículo exploraremos algunos de aquellos elementos del día a día que influyen en nuestra vida sexual, seguramente sin que te hayas dado cuenta. También vamos a proponerte 7 simples ejercicios que puedes integrar en tu rutina desde hoy mismo para empezar a reconectar con tus sensaciones y tu deseo.
Hoy no hablamos de posturas ni de técnicas: hablamos de todo lo demás.
Diferencia entre sexo y sexualidad
Antes de entrar en materia, ¡pequeño inciso! Probablemente muchos de los malentendidos que rodean este tema es la confusión entre estos dos conceptos: sexo y sexualidad. Por eso, aquí queremos aclararlo:
- Sexo: es una forma de interacción íntima entre personas (o con uno mismo) que puede implicar contacto físico, placer y/o estimulación erótica. No se limita únicamente a la penetración, sino que abarca una amplia variedad de prácticas, sensaciones y experiencias. También incluye aspectos emocionales, psicológicos y relacionales.
- Sexualidad: según la OMS, la sexualidad es un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales. La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no obstante, no todas ellas se vivencian o se expresan siempre. Además, está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales.
1. Tu estrés: cuando el cuerpo está alerta, el deseo se apaga
Si tu cerebro está en modo supervivencia debido al estrés o la ansiedad, evidentemente no priorizará el placer. El deseo necesita espacios seguros y libres de presión.
| Un pequeño paso para empezar: esta noche, antes de dormir, tómate 2 minutos para respirar profundamente. Inspira por la nariz, y expira lentamente por la boca. Sin objetivo, solo para bajar las revoluciones. |
2. Tu sueño: sin energía no hay deseo
El deseo necesita disponer de energía para desplegarse. Y si arrastras cansancio, tu cuerpo elegirá siempre el descanso antes que el placer.
| Un pequeño paso para empezar: hoy, trata de acostarte unos 20 minutos antes de lo habitual. No necesariamente para dormir directamente, sino para ofrecerle a tu cuerpo un momento de transición sin pantallas. |
3. Tu relación con tu cuerpo: sentir más allá del juicio
Si has entrado en dinámicas de juzgar tu propio cuerpo, de compararte o de corregirte, tu cabeza no se permitirá el lujo de sentir. Y para sentir placer tu cuerpo tiene que sentirse parte del proceso.
| Un pequeño paso para empezar: cuando te duches, enjabónate despacio y con atención. Agradece a cada parte del cuerpo algo que haya hecho ese día (por ejemplo: gracias a mis piernas me permiten andar, gracias a mi nariz por permitirme oler este jabón...). |
4. Tu movimiento: un cuerpo activo es un cuerpo que siente
El placer es una experiencia, además de psicológica, física. Y un cuerpo rígido, tenso o desconectado tendrá más dificultades para sentir. El movimiento es fundamental para mantener la máquina que es nuestro cuerpo bien engrasada y a pleno rendimiento.
| Un pequeño paso para empezar: pon una lista de música que te guste y muévete durante 3 minutos. Sin coreografía, sin normal, solo por el gusto de sentir tu cuerpo moverse en libertad. |
5. Tu atención: frena para sentir más
A menudo vivimos en piloto automático, sin prestar realmente atención a lo que hacemos o a lo que nos rodea. Y el placer demanda presencia.
| Un pequeño paso para empezar: durante tu siguiente comida, líbrate de toda distracción y come despacio y con plena consciencia. Fíjate en las texturas, los sabores y el ritmo. Esta es una gran forma de reconectar con tus sensaciones... ¿y si lo aplicas al resto de actividades de tu día a día? |
6. Tu comunicación: el placer también se construye hablando
Sea en pareja, con amigos, con familia o con uno mismo, expresar lo que sentimos (o lo que nos gustaría sentir) lo cambia todo.
| Un pequeño paso para empezar: hazte (o haz a alguien) una pregunta honesta. Por ejemplo: ¿qué te apetece hacer ahora mismo? O ¿qué te haría sentir bien hoy? |
7. Tu carga mental: deja espacio a tu cerebro para sentir
Si tu mente está ocupada por mil listas de tareas, la última de ellas será dejar espacio al deseo.
| Un pequeño paso para empezar: antes de irte a dormir, apunta en un cuaderno todo lo que se te pase por la cabeza. Incluye las pequeñas cosas. La idea es volcarlo todo ahí para liberar espacio. |
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Tenemos tendencia a pensar que cuando algo no funciona en nuestra vida sexual, debemos intentar hacerlo mejor. Pero muchas veces no se trata de hacer más, sino de mirar más allá. De entender que la vida sexual no está aislada. Que está viva, que evoluciona y que está influenciada por todo lo que vives.
Conoce a nuestra experta
Alex Segura